Arturo Molina, Secretario Nacional para Asuntos Fronterizos, advirtió que el salario mínimo (130 bolívares) equivale a menos de 500 pesos colombianos, un desplome que ya golpea el comercio tanto en Táchira como en Norte de Santander.

San Cristóbal, 20 de septiembre de 2026.- El colapso del bolívar no solo afecta a Venezuela, sino que está paralizando la dinámica comercial con Colombia. Ante esta realidad, Arturo Molina, Secretario Nacional para Asuntos Fronterizos de Soluciones para Venezuela, propuso instalar de urgencia un espacio permanente de consulta binacional para organizar y rescatar la economía del eje Táchira-Norte de Santander.

«La frontera no es solo una línea en el mapa; es un espacio vivo. Cuando el bolívar se desploma, el golpe no se queda en las casas de cambio, sino que le vacía el bolsillo a la gente y frena en seco la actividad de ambos lados», afirmó Molina.

El dirigente aterrizó la crisis cambiaria en el bolsillo del ciudadano. Recordó que el salario mínimo sigue congelado en 130 bolívares desde marzo de 2022, lo que al cambio oficial actual no llega ni a 0,15 dólares al mes.

«Si llevamos esto a la moneda que realmente domina las transacciones en Táchira, el ingreso mínimo de un trabajador equivale a unos 489 pesos colombianos. No es un discurso político, es la matemática pura de la conversión. El peso colombiano terminó ocupando este espacio porque la gente necesita una moneda que le permita comprar y sobrevivir», apuntó el vocero.

Un atentado contra la soberanía monetaria

Molina fue enfático al señalar la asimetría de esta crisis institucional. Explicó que, mientras Colombia mantiene la fortaleza de su moneda, la extrema debilidad del bolívar ha generado una dependencia perjudicial. «Esta disparidad nos afecta de una forma mucho mayor. El hecho de que nuestra moneda sea la débil y sea desplazada en nuestro propio territorio atenta directamente contra la soberanía monetaria de Venezuela. Un Estado que no logra que su moneda sea referencia comercial en sus fronteras, pierde el control de su propia economía», sentenció.

El golpe también lo siente Cúcuta

Molina advirtió que la crisis no es de un solo lado. Respaldado en el movimiento comercial registrado por gremios como CAVECOL, explicó que cuando el venezolano pierde capacidad de compra, Norte de Santander también pierde. Comerciantes, hoteles y transportistas en Cúcuta ya reportan caídas en sus ventas por la ausencia del consumidor venezolano.

Para frenar la informalidad, defender la moneda nacional y organizar las múltiples tasas de cambio que conviven en la calle, Soluciones para Venezuela puso sobre la mesa cuatro propuestas clave:

  • Mesa permanente de consulta: Sentar en un mismo espacio al Gobierno Nacional, el BCV, autoridades locales y a los gremios que hacen vida en la frontera (comerciantes, transportistas, sector turismo y comunidades).
  • Tasas claras y oficiales: Publicar información transparente y diaria sobre el tipo de cambio fronterizo para evitar que los intermediarios se aprovechen del ciudadano de a pie.
  • Casas de cambio legales: Reactivar y ampliar la red de operadores formales para reducir el mercado negro.
  • Producir para exportar: Exigir medidas reales contra la inflación y políticas para que Táchira no solo le compre a Colombia, sino que vuelva a producir y exportar.

«La salida no es declarar una pelea absurda entre el bolívar y el peso colombiano prohibiendo su uso de golpe. Colombia es nuestro vecino y compartimos el día a día. Lo que exigimos es orden comercial. Fortalecer el bolívar no significa levantar un muro contra Colombia, significa rescatar nuestra soberanía monetaria y recuperar la confianza en nuestra economía para que el trabajador pueda vivir de su sueldo», concluyó Molina.

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Soluciones para Venezuela – Secretaría Nacional para Asuntos Fronterizos