Caminar por la zona comercial de San Carlos durante un corte eléctrico es presenciar un ejercicio de supervivencia atronador. El paisaje cotidiano se transforma en un pasillo de motores a combustión que rugen al unísono, desprendiendo humo denso y sofocante. No hay malicia ni desdén ambiental en el comerciante que hala la guaya para encender su generador; hay necesidad. Es la respuesta obligada de quien debe mantener la cadena de frío, procesar un pago electrónico, pagar una nómina y llevar el sustento a su hogar.
Sin embargo, esta solución de emergencia tiene un costo devastador. Centenares de plantas operando en simultáneo liberan diariamente toneladas de gases contaminantes a la atmósfera local, elevan la temperatura de nuestras calles y someten a trabajadores, clientes y vecinos a niveles de ruido que sobrepasan cualquier margen saludable. Paradójicamente, la falla de un servicio público obliga a la ciudadanía a generar focos de contaminación masiva, afectando la salud respiratoria, el medio ambiente y la tranquilidad colectiva.
Existen alternativas significativamente menos nocivas —como los sistemas de energía solar con baterías— que permitirían abastecer comercios y hogares sin asfixiar la ciudad. No obstante, los elevados costos de importación y la carga tributaria actual hacen que adquirir esta tecnología sea un lujo inalcanzable para la mayoría.
Lo que profundiza esta crisis no es solo la falta de energía, sino la ausencia de certeza. La falta de información oportuna y la inexistencia de un cronograma oficial de administración de carga impiden que el sector productivo y las familias puedan planificar. La incertidumbre quema equipos, desperdicia recursos escasos en combustible y paraliza el desarrollo.
Garantizar la dignidad humana, la salud pública y la preservación de nuestro entorno requiere superar el aislamiento institucional. La comunidad cojedeña, sus comerciantes, trabajadores y sectores políticos y sociales no buscan el conflicto, sino respuestas y certidumbre. Desde la sociedad civil y el ámbito político ya se estructuran propuestas viables —centradas en incentivos fiscales para masificar la energía limpia— orientadas a aliviar el bolsillo ciudadano y reducir la dependencia de la gasolina.
Por ello, se hace indispensable un llamado sobrio pero urgente a las autoridades de CORPOELEC para:
Publicar e informar con precisión los cronogramas de cortes: La previsibilidad permite a los ciudadanos proteger sus bienes, organizar sus jornadas y minimizar el uso innecesario de generadores contaminantes.
Establecer mesas de diálogo e interlocución técnica: Crear espacios de encuentro entre la empresa eléctrica y los distintos sectores que hacen vida en la población para evaluar la realidad del servicio, atender las propuestas que se vienen elaborando desde la colectividad y acordar mecanismos de contingencia coordinados.
La preservación de la vida, el respeto a la naturaleza y el verdadero compromiso con la patria se demuestran protegiendo la calidad de vida de su gente y garantizando condiciones mínimas para el trabajo honesto. La solución no vendrá del ruido de la gasolina, sino de la voluntad de dialogar, planificar y abrir paso a soluciones sostenibles.
Josué Gómez
Secretario Nacional Juvenil
