Como representante del estado Nueva Esparta ante la Asamblea Nacional, Marco Antonio Villarroel Fermín, pero sobre todo como un margariteño que ama profundamente esta tierra, no puedo callar ante la profunda consternación y molestia que me genera el inicio de los movimientos de tierra en los espacios de Laguna Blanca y La Caracola.

La construcción del proyecto «La Caracola Pádel Center & Resort» no es solo un tema de infraestructura; es, a mi juicio, un agravio directo a nuestra integridad ecológica y un golpe al sentimiento de un pueblo que ve cómo sus espacios naturales más emblemáticos son intervenidos sin una visión de futuro real.

EL PAPEL NO BORRA LA REALIDAD AMBIENTAL.

Causa una enorme indignación observar cómo se presentan permisos y avales técnicos para justificar una obra de este impacto a orilla de playa.

Aunque los promotores exhiban documentos del Ministerio de Ecosocialismo, la legalidad en el papel no borra el daño ambiental en el terreno.

Me pregunto con profunda preocupación: ¿Cómo es posible que se otorguen estas factibilidades en zonas que deberían ser protegidas por su fragilidad ecosistémica? Los límites de las ABRAE (Áreas Bajo Régimen de Administración Especial) no son simples líneas en un mapa; son garantías de vida para nuestra fauna y flora que hoy se ven vulneradas.

UN COMPROMISO CON EL FUTURO, NO CON EL CEMENTO

Mi molestia nace del compromiso que tengo con las próximas generaciones. No podemos llamar «progreso» a una intervención que ignora el riesgo de insalubridad derivado del manejo de aguas servidas y desechos en una zona costera tan sensible, especialmente en un estado que ya padece una grave crisis de servicios públicos.
Como legislador, me uno a la voz de protesta del exgobernador Morel Rodríguez Ávila, a las de mis colegas parlamentarios y al sentimiento de sorpresa y rechazo de mis hermanos neoespartanos ante este abominable crimen ambiental.
Me duele ver que se priorice el interés particular sobre el patrimonio natural de todos.

Margarita no es un negocio de bienes raíces; es nuestro hogar y su equilibrio ecológico es sagrado. Seguiré firme en mi postura de defensa a nuestro entorno, porque el desarrollo de Nueva Esparta debe ser sostenible o, sencillamente, no es desarrollo.
Concluyó el parlamentario.