Cuando se crean «listas VIP» de presos políticos, se corre el riesgo de convertir un derecho humano universal en un privilegio basado en la clase o la influencia. Esta práctica cuestiona profundamente las dinámicas de quienes aseguran defender la libertad.

El enfoque que distingue entre «presos con nombre» y «presos anónimos» es sumamente dañino. La invisibilización del ciudadano común —el preso de a pie o «pata en el suelo»— atenta contra la sensibilidad humana. Generalmente, es este ciudadano quien más padece la vulnerabilidad, al carecer de plataformas mediáticas, abogados de renombre o conexiones familiares que le brinden protección.

La libertad no es un concurso de popularidad. Si la defensa de un detenido depende de la afinidad personal o política, no se está defendiendo la libertad, sino una agenda propia. Enfocarse exclusivamente en los rostros conocidos conlleva el grave peligro de instrumentalizar la causa y condenar al olvido al resto de las víctimas.

Para ser auténtica, la justicia debe ser ciega ante los apellidos y sorda ante los privilegios. Un sistema que solo reconoce a «los suyos» no busca justicia, sino lealtad. La injusticia no es menos dolorosa por el hecho de que la víctima sea anónima; de hecho, un sistema de defensa de derechos humanos que solo protege a los seleccionados de una lista se convierte, paradójicamente, en un mecanismo de exclusión.

La libertad es un derecho inherente, no un premio al reconocimiento público. El compromiso debe ser con la causa: LA LIBERTAD DE TODOS aquellos detenidos por pensar distinto, por manifestar o por expresar un reclamo en redes sociales. El deber es con el derecho vulnerado, no con el currículum político del individuo.

Es por ello que, desde Soluciones para Venezuela, hemos propuesto de manera sostenida una Ley de Amnistía general, sin distinciones entre «VIP» y ciudadanos comunes. Hay un hecho cierto: se han soltado centenares de personas en estas últimas semanas y, en su gran mayoría, son precisamente aquellos que no tienen «apellidos» ni conexiones élites. No se puede ignorar que este grupo, el más numeroso, es el que debe marcar la pauta de una verdadera justicia sin exclusiones.

Marco Antonio Villarroel Fermín