El bien se logra con acciones nobles. No puede alcanzarse el bienestar del prójimo haciendo el mal. De ese extravío partió una de las más perversas acciones políticas que hayamos visto en los últimos tiempos al pretender poner fin a la crisis agravándola. Tramitaron para Venezuela un severo bloqueo económico para impedirle colocar su petróleo en el mercado internacional. De esa manera, sin ingresos, Maduro perdería toda capacidad de respuesta ante las demandas colectivas, el descontento crecería hasta horadar la estabilidad política y el gobierno se derrumbaría.

La mayoría parlamentaria que los electores les habíamos dado para que legislaran, controlaran el gasto público y materializaran un necesario equilibrio político la utilizaron para despojar a la Nación de su patrimonio. Entregaron a factores extranjeros CITGO, Monómeros, reservas de oro y depósitos bancarios en el exterior. Crearon paralelismo institucional con un Tribunal Supremo de Justicia al que llamaron el legítimo. Lo mismo hicieron con diputados a quienes se les había vencido el mandato, pero que ellos creían perpetuos y llamaron la legítima Asamblea Nacional. 


Se afincaron en promover la abstención para separar a los ciudadanos de las instituciones y hacer de ellas entes sin anclaje ni respaldo. Popularizaron un peligroso antivalor según el cual votar era una sinvergüenzura. Lo honesto era no votar. Y creyendo con eso dislocar el sistema político se convirtieron en tontos útiles del continuismo oficialista. Lograron por extraños vericuetos reconocimiento de Organismos internacionales a investiduras públicas inexistentes. 


Ridiculizaron y estafaron a Venezuela con aquello de la presidencia interina. No cabe duda de sus “logros”. El país se hundía en la desestabilización, el conflicto creciente, el alto costo de la vida y la miseria. Se frotaban las manos y celebraban la ruina del país con aquella frase callejera según la cual lo bueno es lo malo que la cosa se está poniendo. Factores de poder de otras potencias, alentados por esos gestores del entreguismo y del caos, se sintieron dueños del destino de los venezolanos y así se comportaron, tomando decisiones sobre nuestros asuntos y hasta dirigiendo algunos partidos políticos nacionales cuyos voceros ahora eran funcionarios extranjeros. El mal hacía de las suyas y la crisis iba de mal en peor.

Ante esas nefastas realidades había que actuar. Planteamos la necesidad de acabar con la confrontación extrema que se tragaba al país. Insistimos en la necesidad del diálogo, de acuerdos básicos, de poner el interés nacional por encima de legítimas diferencias. Hemos ido recuperando la idea de cambio con los pies sobre la tierra. Hoy tenemos un Consejo Nacional Electoral de amplia aceptación. 


El país está consciente del gravísimo error que la abstención significó. Todos saben que fue un disparate. Ha renacido la voluntad de participación política como herramienta para el cambio. La crisis económica es espantosa, pero la paz política se ha impuesto a la violencia. La defensa de la Soberanía ha prevalecido sobre la injerencia extranjera y desde los centros que antes promovían el intervencionismo hoy se admite que la única salida a la crisis es el diálogo y entendimiento entre los venezolanos. 


El populismo ramplón que ofrece cambiarlo todo y cambiarlo ya ha perdido terreno ante el sentido común que admite que recomponer el país nos reclama acciones de varios años entre todos. El discurso segregacionista que convocaba a la extinción del contrario ha ido dando paso a planteamientos de convivencia y de cohabitación. De eso se trata la Democracia.

Apenas comienza a verse la luz al final del túnel. Esperamos que estas elecciones de gobernadores, alcaldes, concejales y legisladores regionales iluminen de mejor manera la ruta del cambio que los venezolanos aspiramos, un cambio para bien, no para peor.

_____
Publicado en El Universal el 23 de mayo de 2021.