El Matapalo es un árbol parásito que generalmente germina en la copa de otro árbol y luego comienza a desarrollarse alrededor de este hasta envolver completamente al huésped y exterminarlo, el abrazo de la muerte a veces erróneamente idealizado en nuestras canciones llaneras.

A Venezuela le cayó matapalo, lentamente va extendiéndose por las ramas y el tronco del país con las mayores reservas petroleras del mundo, minerales, gas natural, agua dulce; el objetivo es claro: usar las riquezas de nuestra patria para sostener su crecimiento; al final, el árbol sobre el que crece el matapalo termina desapareciendo dentro de él; ya leímos la insinuación de Trump de convertir nuestra nación en el estado 51…

Esa insinuación podría tomarse alegremente si viniese de otra persona, pero los antecedentes y comportamiento caprichoso, destructivo y voraz de Mr. Trump lo convierte en una nueva amenaza real contra nuestra ya maltrecha soberanía.

El modus operandi de los imperios en la historia de la humanidad no varía, aprovechar los recursos naturales de otras naciones para sostener o ayudar a sostener su economía; durante varios siglos fue la riqueza de nuestra tierra la que sostuvo la casi nula economía española, control férreo sobre las exportaciones y la libertad de comercio, incidencia política absoluta pero siempre dando categoría de inferior a la víctima, como ocurre en Puerto Rico, por ejemplo.

Ya no sorprende que algunos connacionales celebren la posibilidad de una anexión, pisoteando nuestra existencia como país, nuestra historia, nuestras luchas, nuestro gentilicio, haciendo menos la gesta histórica que concluyó en nuestra independencia, en la que, por cierto, muchos venezolanos defendieron la posición realista sólo por el beneficio de ser considerados españoles, aunque fueran «de orilla»; una vergonzosa falta de identidad.

Ya el ave que transportaba la semilla de matapalo la dejó caer desde su intestino a la copa de este árbol que se llama Venezuela. El momento histórico servirá para evaluar, a través del comportamiento, el talante nacionalista de cada venezolano o su disposición a la sumisión; no se trata de ser de gobierno u oposición, eso es otro asunto, sino si se es patriota o cipayo; si una nacionalidad extranjera es mejor valorada que la digna, valiente y desprendida lucha de nuestros héroes independentistas y otros valientes venezolanos de generaciones posteriores.

Desde antes de la existencia legal de Soluciones para Venezuela y los lamentables hechos antinacionales ocurridos en estos años, agravados en lo que va de este, ya escogimos partido: el de la defensa de nuestra soberanía, de nuestro derecho de autodeterminación; levantamos con orgullo la bandera de la libertad de nuestra nación ante las intenciones extranjeras de poner fin a la patria que nos vió nacer. En esa trinchera nos encontrarán siempre.

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Franklin Martínez es miembro de la Dirección Nacional de Soluciones para Venezuela