A un mes de la vil agresión norteamericana a nuestra nación, hemos vivido en simultáneo, hechos políticos, económicos, legales, diplomáticos, militares y otros temas de diferentes índoles. Estos días que han pasado los hemos vivido con una intensidad tal, que pareciera que ha transcurrido mucho tiempo desde ese tenebroso momento hasta hoy, pero no es así, es solo un mes lo que media en la conformación de un nuevo cuadro, con cambios sustanciales, en la realidad nacional.

Este es otro momento que afrontamos y ello no puede analizarse desde la misma óptica del anterior momento, aunque alguna gente se empeñe en hacer creer que esta acción imperialista de EEUU va en función de producir aquí un cambio de gobierno, tampoco ese evento va en contra de la revolución bolivariana, esto fue una humillación artera a nuestro nación con la meta de marcar el rumbo de nuestro gas, petroleo y tierras raras, coartando nuestra independencia y autonomía comercial, por eso tampoco podemos conducirnos con las mismas orientaciones que veníamos desarrollando hasta hace poco.

Hay cuestiones que por ser de principios ante la vida, siempre permanecerán en nuestras preocupaciones y búsquedas. La defensa de la soberanía nacional, la unidad nacional, la democracia concebida en nuestra Constitución, la búsqueda del progreso y desarrollo del país y el logro del pleno bienestar social para todo el pueblo. Esto jamás debe sufrir alteraciones algunas en nuestras líneas maestras como organización política nacionalista y venezolanista que somos.

Solo que cada una de esas líneas maestras hemos de defenderlas y trabajarlas en el aquí y ahora, en estos momentos de incertidumbre, debilidad, impotencia e indignación en los que nos encontramos.

La lucha en defensa de la soberanía, hay que darla con la recomendación y claro propósito de rescatarla plenamente. Ya que ha sido lesionada, herida y condicionada por el gobierno de EEUU, una potencia económica y militar, que aunque con menos poder que antes, respira por la herida y agrede brutalmente a naciones más débiles, para querer ponerlas al entero servicio de sus planes expoliadores y expansionistas. Seguramente esa nueva misión histórica de nosotros los venezolanos, de recuperar plenamente la soberanía arrebatada, nos llevará un buen tiempo, solo que no es una tarea postergable, sino que desde ya debemos darla en medio de todos los condicionamientos presentes, con una diplomacia inteligente y enarbolando las banderas de la paz y la dignidad junto a la presidente encargada, Delcy Rodríguez, con quien coincidimos en el claro e importante camino a transitar que va marcando, aún con lo difícil que parezca y la tolerancia que haya que tener para ello. Se debe insistir en explicar claramente lo que ha significado este atropello, esta afrenta a los hijos de Bolívar, a los venezolanos que en siglos recientes fuimos precursores de la independencia de algunos países latinoamericanos. Dejamos de ser colonia del Imperio más poderoso de ese entonces. Debemos sentirnos orgullosos de nuestro pasado y explicar masivamente a toda la sociedad para que se entiendan, las numerosas maniobras tácticas que nos tocaran hacer en lo adelante,, así como el saqueo, la dependencia, el servilismo y el entreguismo al que nos pretenden someter.

La añorada Unidad Nacional, hoy debe pasar de ser una buena consigna a un hecho real, tangible, con planes y responsabilidades concretas que marquen la ruta de inclusión y justicia que haya que seguir. Gobierno nacional, regional y municipal, partidos políticos democráticos y nacionalistas, movimientos sociales, académicos, trabajadores, sectores de la producción, mujeres, jóvenes y toda expresión venezolanista, organizada e individual, debemos encontrarnos en un Gran Movimiento de Unidad Nacional que trabaje planificadamente en el corto, mediano y largo plazo para el rescate de la soberanía y por el bienestar social de las comunidades venezolanas.

Hoy más que nunca hay que reivindicar los postulados democráticos establecidos en nuestra constitución. Es momento de la inclusión y justicia, de guiarnos por la carta magna, la cual nos da mecanismos para mejorarla en las fallas que ella presente.
Libertades democráticas, estado de derecho, funcionamiento imparcial de las instituciones, vía pacifica, diálogos, acuerdos y entendimientos entre factores diversos en función de Venezuela, es lo que debe prevalecer en esta hora menguada. Seguimos propiciando el camino para que se logre una Ley de Amnistía, adaptada a esta nueva realidad.

El progreso, el desarrollo de nuestras fuerzas productivas y un verdadero bienestar social para nuestros connacionales, deben ser el norte de la nueva política económica que estamos llamados a promover en esta etapa. Debemos insistir para sean eliminadas las sanciones y el bloqueo económico a Venezuela, a partir de lo que pudiera ser el relanzamiento del negocio petrolero nacional, proyectado con la recién aprobada reforma a la ley de hidrocarburos.

Se precisan inversiones considerables y con proyectos bien diseñados para la reactivación de la agricultura, cría, pesca, minería, explotación maderera, servicios turísticos y otras fuentes de desarrollo económico. Los servicios públicos, agua, electricidad, vialidad, infraestructura y equipamiento en salud y educación, han de ser atendidos con recursos de acuerdo a su prioridad y jerarquía. Mejoras en los sueldos, salarios y otras reivindicaciones sociales para los trabajadores, debe estar entre los compromisos principales del gobierno y las demandas de la ciudadanía.

Esta nueva realidad que nos explotó en la cara y que nos ha generado hastío e indignación a muchos venezolanos, no solo debemos analizarla, sino luchar por transformarla en una oportunidad, un punto de partida para atender situaciones de soberanía, unidad nacional, democracia, desarrollo económico y social, con las cuales hay déficit.

Esto está recomenzando. Debemos apostar a escenarios de paz, diálogos, acuerdos, estabilidad institucional, legalidad y el rescate de la diplomacia inteligente. Hay que volver a la política política de altura, de verdad.

El nacionalismo y venezolanismo deben guiar la acción de todos quienes queremos de manera entrañable a esta la nación de Simón Bolívar y demás libertadores y forjadores de nuestra independencia y nacionalidad. El sectarismo y la exclusión, hay que desecharlos donde quiera que se asomen. La ética y el combate a la corrupción, son comportamientos y compromisos de primer orden. No analicemos la situación del país desde el odio y la venganza. Venezuela merece un mejor destino. Reconstruyamos todos la patria grande.

Venezuela seguirá contando con nuestro partido, Soluciones Para Venezuela, organización política que aunque pequeña, estamos extendidos en toda la geografía nacional, conformada por dirigentes populares probos y embargados de un inmenso compromiso con el país por el que estamos dispuestos a dar todo lo que tenemos, por su unidad patriótica, desarrollo, bienestar de su gente y por la autodeterminación que merecemos y a la que tenemos derecho como nación.

Por Venezuela,

Atte,

Miguel Vásquez
Secretario General Nacional de Soluciones para Venezuela.
29 de enero de 2026